sábado, 28 de febrero de 2015

Pluma Pueril.

¿Quién le disculpa,

merecidamente,

a la Inspiración,

la falta de Pluma?


¿Quién justifica,

a la Pluma,

su existencia,

cuando la Tinta se esfuma?

Carnes Muertas.

La carne pertenece a las carnes

todas se devoran,

se fermentan,

se idealizan;

y el Espíritu,

enfermedad propia de la carne,

quizá sea solo una invención,

para llenar el vacío

de su insípidez.

Pasos.

Se abrió un ojo
cerrando paredes de consciencia.

Un diente roto,
rodante hasta chocar 
con el cádaver introvertido
que surge inadvertido
en su lecho de las aceras muertas.

Donde pasos confusos
conducen a la continuidad sin meta,
arrastrando el nauseabundo andar
en sus olores vacíos
que desbordan
 al otro lado de la acera.

Donde pisa el rojo 
tacón de la dama
que entrega mentiras
en verdades de labios
que no creen en nadie.

Otra esquina con huecos paralelos
en sonrisas fingidas
que no ocultan cicatrices,
de los brazos cortados
que jamás le sonríen,
cuando cruzan a lo lejos
miradas huidizas,
cortando la acera.

En el centro,
la mosca se posa
y la rata olvida
su pútrida materia.

jueves, 26 de febrero de 2015

La Diosa.


Los dioses creados por los hombres son los únicos finitos.
Los filósofos mataron los dioses figurantes,
destirparon sus naturalezas pensadas,
creadoras creadas de sus ideales instintivos.
Fueron fumados con la resistencia de un cigarrllo rajado a la mitad;
Hastiados del mito que les dejó sin consuelo,
de la simpleza de sus abstracciones indulgentes,
mediocres,
del sangrado que los parió a imagen y semejanza de sus bajos instintos.

Quebradas las testimoniales piedras labradas,
hecha jirones sus vestimentas sucias,
quemadas las páginas parlantes,
 exiliadas las mentes infestadas;
Ya sin significado las nombradas Blasfemias...
Nació el Super Hombre,
y se creyó Dios.
Rotas las cadenas el 'despertar' lo cegó,
Olvidó que la luz de la ignorancia no permite visión.
La Diosa deshumanizada no es su creación,
ella solo es,
cuando aquellos deambulan soñando el despertar.
Ni la niebla más densa,
ni la ignorancia más ególatra,
opaca su indiferente Divinidad.

Blanco sobre lienzo.

Cada día se sentaba a pintar el cuadro más hermoso de su vida,
con el lienzo níveo y el blanco en pincel,
con que afloraban sus idealizadas pinturas,
donde todo día podía recomenzar,
sin alterar,
aquel lienzo del viejo mercado visitado siglo atrás.

Paulatinamente mejoró su técnica,
alcanzando y dejando atrás,
niveles en su expresividad,
ya no requería del pincel,
el lienzo se tornaba diminuto ante la inmensidad de la totalidad.

Pintaba desde la semilla interior,
abríase enraízadamente al entorno,
lo inmediato del instante que le rodeaba
hasta figurarse entre los entes visibles,
materia, cuerpos en movimiento,
también lo inamovible;
el ramaje iba abrazando luego auras,
pintando destellos de luz y oscuridad;
 alcanzó cielos, estrellas,
planetas, galaxias,
comprendía el Universo,
el Todo,
el Ser y la Verdad.

Llevó a extremos este oficio,
tornándose incomprensible la perfección,
ahora su Ser era todo pintura,
colores,
lienzo e idea,
era paisaje, belleza,
identidad, esencia.

Pasado un tiempo, al encontrar tal esplendor en el arte pintorezco, decidió aprender un nuevo oficio.

miércoles, 25 de febrero de 2015

A Renny.

Érase dos, o quizá tres...
 Porque allí había una luz, la que alumbraba sobre ellos, formando fantasmagóricas sombras, confundidas con aquellas ennegrecidas de los árboles;
Caminaban por el estrecho camino,
¿Recuerdas aquel sendero?
El que conducía al lago donde era cielo, y nadaban junto a las estrellas.

Recuerdas, también, que a veces inundados en las aguas, la respiración se tornaba pesada y forsoza, querían huir pero aprisionados por sí mismos, les herian, les maltrataban... 

Luego tras llegar la calma, subían airosos a la superficie o quizá bajaban...
En fin, todo esclarecía, ¿lo recuerdas?.

Oh, ¿recuerdas aquel diente de león gigante?
Ellos se refugiaban allí cuando tenían frío, 

así nadie podía verles, ni el mismo viento hiriente podía rasgarlos.

¡No recuerdes!,
 
es solo una historia que se perdió, quizá desapareció también, 
se fue junto al libro de carátula oscura que lanzaste al abismo para no recordar.