Los dioses creados por los hombres son los únicos finitos.
Los filósofos mataron los dioses figurantes,
destirparon sus naturalezas pensadas,
creadoras creadas de sus ideales instintivos.
Fueron fumados con la resistencia de un cigarrllo rajado a la mitad;
Hastiados del mito que les dejó sin consuelo,
de la simpleza de sus abstracciones indulgentes,
mediocres,
del sangrado que los parió a imagen y semejanza de sus bajos instintos.
Quebradas las testimoniales piedras labradas,
hecha jirones sus vestimentas sucias,
quemadas las páginas parlantes,
exiliadas las mentes infestadas;
Ya sin significado las nombradas Blasfemias...
Nació el Super Hombre,
y se creyó Dios.
Rotas las cadenas el 'despertar' lo cegó,
Olvidó que la luz de la ignorancia no permite visión.
La Diosa deshumanizada no es su creación,
ella solo es,
cuando aquellos deambulan soñando el despertar.
Ni la niebla más densa,
ni la ignorancia más ególatra,
opaca su indiferente Divinidad.

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